Partido Justicialista Digital Córdoba: “El valor político de la lealtad”

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lunes, 2 de agosto de 2010

“El valor político de la lealtad”



Las personas que intervienen en la vida política deben ser leales a su comunidad y a sus principios. Eso creía antes de ocupar cualquier cargo público y lo sostengo ahora.

Esa conducta franca y comprometida, creo, es la que deben ejercer los políticos honrados, tanto en la oposición como en el gobierno y cualquiera sea el panorama electoral que se avecine. Si su actuación política es resultado de una profunda vocación de servicio y tiene como objetivo aportar a la construcción de una sociedad mejor, sostener en el tiempo la coherencia entre sus convicciones y su conducta debería ser la norma y no la excepción.

Desde luego que no se me escapa que existen otras concepciones de la práctica política, que ven en ella el espacio para la confrontación y la puja y en la que el dirigente más diestro, sagaz o inescrupuloso pretende imponerse y hacer pesar su voluntad.

En este modelo no importan los deseos ni las demandas de los ciudadanos ya que se los considera meros y ocasionales votantes a quienes persuadir con costosas campañas proselitistas. Aquí tampoco es digno el papel de los actores políticos, limitándose a la puntual representación de roles asignados por otros dirigentes de mayor peso y desatendiendo el trabajo y las expectativas de los ciudadanos a quienes representan. En esta visión, la lealtad a los principios y a la comunidad no constituye valor alguno.

Esta pobre visión de la política parece ser la que asiste a algunos dirigentes provinciales que, en beneficio de prematuras candidaturas, ponen en juego su escaso capital político, obtenido en menesterosas mesas de negociaciones nunca públicas. Renuncian a lo más valioso que tienen los sujetos políticos, su palabra, esa con la que se comunican con sus vecinos, para ponerla al servicio de inconfesables operaciones de inutilidad probada. Dejan de ser sujetos autónomos para convertirse en repitentes de injurias que pretenden molestar a quien alguna vez trabajó junto a ellos. Porque las recientes expresiones del legislador de Cruz Alta, Daniel Passerini y del intendente de Leones, Fabián Francioni, no fueron dichas por ellos sino repetidas por ellos. Serían el gobernador Schiaretti y ex, De la Sota, los que quisieron enviarle mensajes a Eduardo Accastello y para reforzar el carácter perverso de esas palabras se las hicieron decir a dos dirigentes que han transitado un camino junto al intendente de Villa María.

Esta estrategia de utilizar a dirigentes políticos como peones de una partida de ajedrez que otros juegan no le hace mayor daño a Accastello porque quienes lo conocen saben de su liderazgo político, de su capacidad de gestión y trabajo, de su profundo compromiso. Pero sí resultan perjudiciales para la propia legitimidad y representatividad de estos pseudo dirigentes. Cuando repitieron lo que les mandaron decir no estaban pensando tanto en la lealtad a sus principios ni a sus comunidades sino en hacer ostensible una traición que ni si quiera les nació a ellos. Con estas conductas pierden los ciudadanos que tienen como representantes a personas incapaces de defender sus convicciones. Gracias al tiempo que llevamos de vida democrática, la madurez cívica de la sociedad argentina rechaza esta forma de acción política.

Colaboración , Héctor Guillermo Muñoz

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